Adiós al ‘Made in’, bienvenido ‘Designed in’

Adiós al ‘Made in’, bienvenido ‘Designed in’, en relación con las nuevas tendencias del mercado

El orgullo que hasta hace unos años producía en el mundo encontrar una máquina, un artículo o cualquier prenda con una etiqueta que indicara que ese producto había sido hecho en su país, desapareció de un plumazo por culpa del outsourcing o la tercerización, proceso que ha avanzado a la sombra de la globalización.

Desde hace unos años, la leyenda ‘Hecho en’ se convirtió en un simple formalismo a través del cual se identifica a las naciones que asumieron la tarea de hacer cosas (maquilar o ensamblar), mientras que otros inventan, diseñan, registran sus patentes y obtienen jugosos recursos provenientes de regalías por concepto de propiedad intelectual.

En consecuencia, el nuevo objetivo de las naciones desarrolladas es incrementar el número de productos que lleven la leyenda ‘Desing In’, que hace referencia al creador y diseñador, es decir, al origen de quien aportó la inteligencia y el conocimiento.

Y no es que el concepto de innovación sea nuevo, y mucho menos que apenas ahora se reconozca que la creación y la inteligencia son sinónimos de poder económico y político. Está claro que no ha cambiado y, posiblemente no cambiará, la premisa de que “el que triunfa es aquel sabe más que los demás”.

Las naciones desarrolladas no solamente lo tienen entre sus metas, sino que a lo largo de los años se han preparado para ello, sólo que ahora que el mundo fue aplanado por las telecomunicaciones y la globalización, las grandes potencias sacaron su as debajo de la manga: el diseño y la innovación como forma de obtener el reconocimiento económico de los consumidores.

“Tanto hoy como hace 100 años, la innovación necesita una visión que consiga ilusionar a la gente”, dijo recientemente en Essen (Alemania), Bernd Euler, el vicepresidente Ejecutivo de la multinacional Siemens, ante medio centenar de periodistas de todo el mundo, convocados a la IV Cumbre de Medios y Tecnología.

Basado en las cifras de la economía mundial, Euler sostiene que los países que aportan una cuota importante de innovación son más fuertes en términos económicos que aquellos que no tienen capacidad para investigar e innovar.

“La innovación es un prerrequisito para la prosperidad de las fábricas y para garantizar los puestos de trabajo”, sostiene el ejecutivo de Siemens.

En el libro La Tierra es plana’, su autor, el escritor y periodista Thomas Friedman, coincide con la importancia de la innovación, y dedica cerca de 500 páginas a explicar la forma como la tecnología ha acelerado la globalización y ha contribuido a eliminar las barreras y las distancias entre las naciones ricas y las menos desarrolladas.

El pasado jueves, la ex presidenta de Chile, Michelle Bachelet, dijo en un foro sobre liderazgo realizado en Bogotá, que América Latina sólo encontrará eco a sus aspiraciones de desarrollo en la medida en que impulse la educación con fines de innovación.

Cuidar el talento

Friedman recuerda en su último libro que de 1953 para acá, Estados Unidos ha recibido a unos 25.000 investigadores indios, educados con plata de los impuestos pagados por sus compatriotas, y que prestan sus servicios profesionales en empresas estadounidenses.

En su momento, a los ciudadanos indios se les decía “Si eres un indio inteligente y con estudios superiores, la única manera de realizar tu potencial es marcharte del país”.

Una cultura para la innovación

En el proceso de la innovación, el problema es que involucrarse y alcanzar resultados en materia científica no es asunto de un día. No se trata de una fábrica ni mucho menos.

Las naciones que han avanzado en este aspecto han dedicado muchos recursos y años a este objetivo para ubicarse en un lugar de privilegio.

La multinacional alemana Siemens invierte el 5 por ciento de sus ingresos en investigación y desarrollo con resultados contundentes. La empresa tiene 55.000 patentes activas.

“Nuestros empleados realizan unas 30 invenciones por día laborable”, asegura Euler, quien además sostiene que Alemania seguirá jugando un papel importante en las innovaciones del futuro. “La educación es el más importante de los requisitos para la innovación. Aquellos que la descuiden corren el riesgo de perder el liderazgo”, agrega Euler.

Pero algunos países emergentes han dado los primeros pasos hacia la posibilidad alcanzar un reconocimiento mundial como innovadores.

Y el primer avance consiste en reconocer que su principal virtud, por ahora, es producir lo que otros inventan y diseñan (China, India, Taiwán, México y Corea), entre otros.

Sin embargo, en forma paralela, han emprendido una estrategia de educación y de creación de cultura de investigación entre sus ciudadanos.

Pero para llegar a este objetivo es clave asumir otra tarea: hacer que los nuevos científicos sean retenidos en sus países de origen, es decir que una vez capacitados pongan su conocimiento al servicio del país y no de las multinacionales.

En consecuencia, el reto de las naciones emergentes no es solamente tener una abultada masa de innovadores sino hacer que estos se dediquen a construir marca en favor de su país y no pongan su cerebro al servicio del ‘Desing In’ de otras naciones.

Y es que históricamente, ante la falta de oportunidades en las naciones pobres, muchos de sus ciudadanos prominentes han tenido que irse a Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Italia, Japón o Canadá a buscar mejores opciones, tanto de estudio como laborales.

Es más, en muchos casos son las propias multinacionales las que han ido a las naciones en desarrollo a buscar cerebros susceptibles de la fuga.

Fuente: http://www.portafolio.com.co/economia/economiahoy/adios-al-made-in-bienvenido-designed-in-en-relacion-con-las-nuevas-tendencias-del-mercado_7739776-3


CEO en Monbu Ofreciendo Soluciones Web integrales para Empresas y Emprendedores en la Era de la Información. Apasionado por el Crecimiento Personal y la Libertad Financiera, Creador de SecretosdeProsperidad.net

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