Budismo y Salud

Budismo y Salud

La Salud no es solo la carencia de enfermedad. Es también un bienestar psicológico, biológico y social. Con esta definición, las prácticas budistas conducen a una salud integral aunque no necesariamente evitan la enfermedad física. Tema de meditación.

Por Santiago Rojas Posada
Médico de Cuidados Paliativos con Terapias Alternativas y Ortodoxas

Por Budismo se entienden las prácticas enseñadas por el Buda, que buscan un solo objetivo, la liberación del sufrimiento. Según la tradición budista, el Buda era un ser humano que gracias a las perseverancia y el esfuerzo personal logró liberarse de forma definitiva del sufrimiento y alcanzó la mayor felicidad posible y un a cabal de comprensión de la realidad. Los seguidores del Buda lo consideran la personificación viva de la verdadera naturaleza fundamental e inmutable que está presente en todos los seres. por lo que todos podemos llegar a ser Budas si seguimos fielmente sus enseñanzas. Lo fundamental está transmitida mediante el Dharma, que puede ser entendido como “Las cosas tal y como son”. Su primera y esencial instrucción fue sobre las cuatro nobles verdades, que se refieren al sufrimiento existente, a su origen y a que al cesar la causa generadora se acaba el resultado, lo que da así un camino para terminar el sufrimiento. Dicho camino es entonces el budismo, en el que existen tres tipos, uno cuyo objetivo es la liberación personal mediante la liberación de las pasiones, y otros dos que buscan la liberación de todos los seres sin excepción, ya sea antes o al mismo tiempo que uno mismo.

Desde esta visión, la buena salud es el resultado de una muy adecuada relación entre la mente y el cuerpo y la vida espiritual. Su alteración produce la enfermedad, por lo que la práctica budista buscca restablecer el equilibrio. No se rechaza la medicina moderna ni en sus métdodos diagnósticos ni terapñeuticos sino que se los incluye desde una perspectiva mayor en la que no se olvida el poder espiritual, el equilibrio de la mente ni la misión en la vida, que se encamina al servicio desinteresado y el amor por la humanidad. Estos atributos del ser son los que permiten enfrentar mejor la enfermedad al mismo tiempo que logran un crecimiento personal integral. Entonces la verdadera buena salud se obtiene en el proceso de autorealización, muy a pesar de las dificultades que se presenten.

Los budistas tienen varias analogías entre su práctica y la salud. Una de ellas dice que el sufrimiento y las ilusiones se pueden comparar con la enfermedad, al Buda con una gran médico y a sus sneseñanzas con la medicina correcta.

Para lograr el bienestar en el cuerpo son importantes también la higiene corporal y el ejercicio físico.

Si la medicina moderna entiende la enfermedad como una alteración de una máquina y busca su restablecimiento sólo en lo físico, la visión budista la ve como un reflejo somático total de la vida misma y busca curarla mediante una reorientación fundamental del estilo de vida y de la comprensión que se tenga de la existencia.

Si la mente y el cuerpo funcionan de manera integrada, se consigue hacer que emerja una inagotable fuente de energía que subyace en todas las personas. Esta energía vital se incrementa con la práctica constante de las cualidades que logran llevar su verdadera misión altruista en la vida, tales como la compasión hacia los demás. Muchas veces una forma de sanarse radica en la ayuda desinteresada a sanar a otros, recordando la oración de San Francisco de Asís que dice: “Dando es como se recibe”.

Pero tal vez lo más conocido y estudiado profundamente sobre el budismo y la salud es la práctica de la meditación, que tiene beneficios notables sobre la mente y el cerebro y afecta de forma positiva el carácter y el sistema inmunológico.

Investigadores de prestigiosas universidades norteamericanas como Richard Davidson y Daniel Goleman han puesto en evidencia cómo la práctica sistemática de la meditación budista llega a afectar positivamente el cerebro en su lóbulo frontal izquierdo, donde se sabe residen las emociones positivas, minimizando a su vez la actividad de zonas cerebrales que potencian los sentimientos contrarios. También se ha estudiado cómo el sistema inmune se afecta positivamente.

Y aunque tener una vida dedicada a la humanidad buscando además deshacerse del sufrimiento propio y del mundo y realizar una práctica continuada de la meditación no aleja del todo a la enfermedad ni evita la muerte física -forma en que mira Occidente muchas veces las cosas-, sí logra una visión más sana de la vida, una expresión más consciente y relajada de quién se es y qué se busca, y un estado de gozo real en mente y espíritu a pesar de que no siempre se ve complementado en su cuerpo, por lo que los tibetanos suelen decir: “No todo el que es bueno está contento, pero el que está contento, siempre es bueno”.


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