El valor de las crisis en el desarrollo personal

Hay crisis en materia de salud que son oportunidades únicas porque permiten realizar un giro de 180° y así comenzar de nuevo, en especial para el paciente, pero también para el Profesional que está realmente comprometido con el cambio y con ayudar al prójimo.

Desde el punto de vista del desarrollo personal, en mi opinión son uno de los mejores momentos de la vida de los Seres Humanos. Es allí donde como en Matrix, la vida nos pone entre la espada y la pared y nos obliga a elegir. Una vez hecha la elección, si nos volcamos por la Vida y la toma de Conciencia -siempre y cuando hayamos actuado a tiempo-, suelen suceder cosas asombrosas que en general conducen al crecimiento del implicado, si por el contrario se sigue por la senda que nos llevó al problema y la inconsciencia, más de lo mismo es la única “recompensa”.

Aprovecha las oportunidades que se te presentan

Hábitos largamente arraigados es posible modificarlos más fácilmente bajo el peso de la oportunidad que se nos presenta de mejorar nuestra salud o de literalmente salvarnos. Por ejemplo, quien tras un infarto agudo de miocardio, siga como si tal cosa, fumando, obeso, sin controlarse en absoluto y no haya aprendido nada del susto que la vida le dió, poco se puede hacer por él. Sin embargo, quien obligado por esa circunstancia toma conciencia del riesgo que corre si no hace ningún cambio, necesitará toda la ayuda posible pero lo habitual es que viva muchos años más.

A esta última persona a veces se le presenta un gran desafío, la de desaprender lo aprendido y comenzar de nuevo, en este punto, son muchas las herramientas que se podrían utilizar para apoyar ese proceso de cambio y el éxito o el fracaso además de él mismo, depende mucho del apoyo, no solo familiar sino también profesional.

Para el Profesional y la familia

Como bien señala Marilyn Ferguson, “Nadie puede convencer a otro de que cambie. Cada uno de nosotros custodia una puerta del cambio que sólo puede abrirse desde adentro. No podemos abrir la puerta de otro, ni con argumentos ni con apelaciones emocionales“; pero cuando esta puerta se abre, es el momento oportuno para entrar y ayudar a poner la casa en orden. Intentar que el paciente logre entender esto y que se haga absolutamente responsable de todo lo que de él dependa en harás del mejoramiento de su propia salud, le da poder al propio paciente, apelar a la culpa, lo debilita más y lo deja dependiente.

Todos tenemos fortalezas y debilidades, de lo que se trata es de apelar a las fortalezas y minimizar las debilidades. Por ejemplo, si el paciente está intentando dejar de fumar, hacerle ver cómo en su vida personal ha obtenido éxito en metas que en principio también parecían difíciles, refuerza su voluntad de cambio y genera al mismo tiempo confianza de que el cambio es posible.

En este sentido tanto los profesionales como la familia tienen que realizar un cambio fundamental, abandonar la tendencia natural al resongo, que pone al paciente en situación infantil, y sustituirla por el respeto del destino elegido por el propio paciente, algo que a muchos profesionales y en particular a la familia les cuesta muchísimo.

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